A mi Papá.
Ahora estamos iguales, papá.
Ahora también mi música es del recuerdo.
Yo quería que esta vida fuese corta,
como la de las tres J, pero no,
siempre obtengo lo que no quiero.
Así que vamos, qué le hace el agua al pez
o "una cacha más a una puta vieja",
como decían tus amigos y míos, al fin y al cabo,
en ese barco errante de destinos truncados
por la sumisión y la rebeldía,
estúpidas gemelas incestuosas.
Pasados los '30, ya no se hace lo que se quiere
(si es que alguna vez sucedió tal cosa),
sino lo que se debe, para, a duras penas,
subsistir en un mundo que nunca te quiso.
Pero al que igual venimos,
por el amor o las ganas, de vosotros:
los padres.
Cuando mueras, amado padre,
seré el único que vaya a verte en junio,
cuando zarpamos hacia el resto de nuestras vidas,
hacia nuestro origen,
hacia el Viejo Mundo de los mitos olvidados.
El Mito es la máxima expresión de la Verdad,
su profecía y su cumplimiento,
su padre y su hija.
Si no venzo tus miedos alojados en mí,
ellos matarán tus nietos, igual que a sus padres,
como todas las veces que me cagaste la existencia.
Cada vez que hiciste caso a tu esposa,
por sobre cualquier otra consideración,
me enseñaste que de nada servía tener la razón
(lo único que me regalaste).
Ahora estamos iguales, papá.
Vivimos más de la nostalgia que de los sueños,
porque a ellos se los llevó la re, la realidad.
Y, sin embargo, aún los más chantas
son necesarios en este culebrón.
O si no, pregúntale a la caza talentos de Resistiré.
La muerte es el pequeño trámite
que debemos cumplir para volver a Ella.
Salvo por aquellos penitentes, como tú y yo, papá,
que la hemos padecido en carne propia toda la vida.
Para los otros es un descanso.
No es que estemos adelantados a nuestro tiempo.
Es que toda época está siempre atrasada
con respecto a sus mejores hombres.
Humanidad es sinónimo de mediocridad,
ahora o en Súmer.
Siempre en medio de la nada y el Kaos,
de lo posible y lo imposible (real).
Inmóviles, incapaces de Ser,
porque no todos con capaces de mejorar.
Su programación no les da para tanto.
He ahí el nacimiento de la Envidia y el Odio
hacia todos los que son capaces de más que comer y cagar.
Sólo "uno" es el espejo de las mutilaciones y deformidades de "lo otro".
Y eso es inadmisible para cualquier civilización.
Para quienes piensan y ¡no la cagan!,
¡palos y hogueras!
¿Cuántas veces no fuimos azotados y quemados en la plaza?
Y, sin embargo, los hipócritas asesinos
se llenan el hocico con nuestros nombres
y hacen de ellos emblema
de su imaginaria superioridad
sobre sus esclavos, bajitos y/o morochos,
como siempre ha sido, en Roma, China ó los Estados del Sur.
A tanto llega su hipocresía,
que nuestras imágenes terminan como estatuas
en las mismas plazas donde nos atormentaron
y quemaron ó las cárceles de las creyeron,
pobres ilusos, que jamás escaparíamos.
Un padre que no da la vida, no es padre.
Pero tu problema es que la entregaste
en el altar equivocado.
En el de la sumisión en vez de la superación eterna.
A un demonio en vez de un ángel,
en el cotidiano suicidio de la resignación.
Lo errores se pagan.
Pero seguir cometiéndolos después de descubierta su cura
es tan estúpido como morir de septicemia
por cortarse el dedo meñique.
¿De qué sirve ser el mejor esclavo?
¿Para eso nos echaste de la casa, "a la vida"?
Y después te quejas de las vidas truncadas de tus hijos.
¡Tú, el que jamás vivió!
Tu ejemplo me demostró que se puede morir
sin jamás haber vivido.
Siempre encadenado a una mujer que te cagara la vida:
Primero tu madre y luego tu esposa.
Pobre Edipo que se perpetuó en sus hijos.
En fin, desde que caí del Cielo,
(cuando me dijiste que no me pagarías la universidad)
puedo ver mejor las cosas, con un poco menos de pasión,
y te agradezco en el alma hayas sido mi papá,
a pesar de todo lo anterior.
De no haberlo sido,
jamás podría haberme acercado tanto,
si quiera una vez, al Sol.
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